

El soporte biológico de la mente humana es el sistema nervioso. El cerebro es la herramienta con la cual nos enfrentamos a la vida y pretendemos comprenderla, pero, ... ¿es fiable como instrumento de conocimiento? ... ¿vemos lo que realmente hay? ... ¿nos percatamos de la realidad en forma objetiva?
Si bien es cierto que el cerebro recibe estímulos de forma constante, también lo es que no nos damos cuenta de todos ellos, lo que significa que en gran medida ingresan a nuestro cerebro de forma subliminal, y de tal forma también nos afectan (por debajo del nivel de la conciencia).
Vale la pena detenerse en la estructura de nuestro cerebro, para tratar de comprender este fenómeno y el alcance que puede tener en nuestra capacidad para ver objetivamente la realidad.
‘Aun tenemos en nuestras cabezas estructuras cerebrales muy parecidas a las del caballo y el cocodrilo’, dice el neurofisiólogo Paul MacLean, del Instituto Nacional de Salud Mental de los EE.UU.
Mac Lean desarrolló un modelo de la estructura cerebral del ser humano, conocido como "cerebro triuno”, según el cual, el cerebro humano está conformado por tres partes:
Estas tres partes, anatómicamente y funcionalmente bien diferenciadas, se encuentran superpuestas; el cerebro reptil más abajo y la neocorteza por encima de todos, en una perfecta representación de la evolución ascendente de la vida.
Sin embargo, no hay que perder de vista que la corteza no está sola y que los “tres cerebros” interactúan entre sí. Siguiendo con el ejemplo de McLean, es como si en nuestra cabeza convivieran un cocodrilo, un caballo y un ser humano y que las “decisiones” las tomaran entre los tres (aunque no siempre de común acuerdo).
Por ejemplo, el estado de vigilia de la corteza cerebral depende de los impulsos que reciba del tálamo (que es parte del sistema límbico, o sea, el caballo). Es así que si algo despierta nuestro interés y entusiasmo, rápidamente le prestamos atención; mientras que si algo nos aburre, el tálamo deja de enviar impulsos a la corteza y nos sentimos somnolientos. Es decir, que normalmente será el caballo interior el que decidirá qué es interesante y qué cosa no lo es.
“Vemos solamente aquello que conocemos” (Goethe). A través de este análisis de la estructura del cerebro comenzamos a comprender que la objetividad depende de un adecuado manejo de nuestro sistema cognitivo. Porque si nuestro “caballo interior” no quiere ver algo, sencillamente hará que la corteza cerebral lo ignore.
El concepto de CONCIENCIA adquiere un significado más profundo cuando comprendemos las barreras que hemos de cruzar para acceder a una visión realmente objetiva de la realidad:
El soporte biológico de la mente humana es el sistema nervioso, y toda su función se realiza desde este cerebro triuno. Solamente la CONCIENCIA puede hacer que nuestro verdadero SER gobierne este instrumento de conocimiento de forma que nos permita el acceso a la verdadera realidad, más allá de todas las barreras.