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Atrevámonos a ser felices

Mensaje de fin de año de Darío Salas Sommer a la comunidad

21/05/2006

Diciembre es el mes en el que cada cual, quiéralo o no, hace un balance interior de logros y fracasos del año.

Algunos se sienten muy contentos porque han logrado acrecentar su patrimonio económico, por el acrecentamiento de la familia al nacer nuevos vástagos, o por el prestigio social que han alcanzado.

Otros, sufren por la pobreza, la enfermedad, o el fracaso amoroso, pero el peor sufrimiento es el de los ancianos que, en algunos países, son descalificados a tal extremo que, como lo decía Ortega y Gasset, pasan a ser “como muebles viejos que estorban a todos”. El mismo sostenía, con otras palabras, que los jóvenes son “sólo cuerpo y nada de alma” y los viejos “pura alma y casi nada de cuerpo”.

Cuando se junta la vejez, la enfermedad, y la pobreza, la persona vive esperando una pronta muerte que la libere del sufrimiento, y en vez de solicitar prosperidad y felicidad a Dios, como lo hacen otros, le piden que ponga fin a su lenta agonía.

Muchos se rebelan contra el ordenamiento social vigente, y viven esperando una revolución que propague el virus de la igualdad, o como está en boga decirlo, se logre “una buena distribución de la riqueza”. Siempre me ha chocado este concepto, porque pareciera ser útil solo para los países ricos, ya que en los pobres hay poco o nada para repartir, pero siempre queda la sensación de que alguien se apropia indebidamente de la riqueza, lo que por cierto, genera mucha rabia, frustración, y envidia hacia los que tienen más. De este modo, una gran mayoría espera una repartición de riqueza por decreto estatal. ¿O será “compartir pobreza?”.

Creo que es más apropiado enfocarse en crear riqueza entre todos y para todos, pero esto debe partir por lo más importante de todo, que es crear “riqueza interior”, que se refiere al desarrollo del contenido interno.

Esto se hace recuperando antiguos valores que hoy día parecieran extinguidos, como la generosidad, la caballerosidad, honestidad, honor, mérito individual, respeto por la opinión del prójimo, valorización de los ancianos, ayudar a los niños a desarrollar su carácter y voluntad, fin del machismo y la descalificación y, sobre todo, la buena comunicación con todas las personas.

Lo cierto es que son muchos los que creen que nuestra existencia carece de sentido y es obra del azar y la casualidad, y que da lo mismo hacer el bien o el mal, o que “democratitis” es igual que democracia. En realidad, pareciera que los medios de comunicación le dieran la razón a esta creencia, ya que basta leer la prensa o mirar los noticiarios de la televisión para impactarse con la violencia, el odio, la envidia, el resentimiento, la frivolidad, el despropósito y la falta de carácter y voluntad del común de las personas.

Las continuas guerras, el terrorismo, las contiendas entre las multinacionales, la injusticia del sistema financiero y monetario, el hambre en el mundo, la cercana extinción de las fuentes de energía no renovables, la contaminación, y el desmesurado aumento de algunas enfermedades catastróficas, nos llevan a sospechar “que algo no anda bien”, como si hubiéramos perdido no sólo la brújula sino también el sextante.

Nos hemos acostumbrado de tal manera a esto que suponemos que todo lo que ocurre es normal, que “la vida es así” y no hay otra mejor.

Sostengo fehacientemente que podemos acceder a una calidad de vida tan elevada que no podemos imaginarlo. El problema es que hay que ganársela mediante el esfuerzo personal, por lo cual es una posibilidad no deseada por indolentes y perezosos. Quiero decir que es solo para quienes decidan tenerla y se dispongan a trabajar con entusiasmo en el desarrollo del mundo interno.

El notable científico ruso Nikita Moyseyev sostenía que la supervivencia de la civilización no depende de nuevos conocimientos científicos ni de nuevos programas educativos o sistemas económicos, ya que lo fundamental es que el hombre aprenda a vivir de acuerdo a las leyes de la naturaleza. Afirmaba que: “La clave para que el Homo Sapiens sobreviva es encontrar la forma para que el hombre actual considere como principal prioridad el desarrollo de su mundo interno”.

En realidad, el desarrollo y evolución de la conciencia es lo único que puede salvar al mundo de la contaminación material, energética, y humana.

En efecto, nuestro nivel de conciencia es demasiado primitivo, por lo cual la inteligencia está al servicio de las pasiones que nos poseen y no de nuestras cualidades superiores. Vivimos en estado de vigilia carencial, controlados, mayoritariamente, por nuestro cerebro reptil y el sistema límbico y esto nos hace penosamente predecibles y vulnerables, mental, emocional, y físicamente. No podemos resistir a la penetración de nuestros cerebros por parte de información ajena, que nos implanta continuamente programas destinados a vender productos tangibles e intangibles. Dicha información se instala en nuestros cerebros en calidad de “autónoma”, y no subordinada al yo, por lo que al final nuestro destino está entregado a una espesa red informática que habita en nuestros cerebros, que nos hace perseguir falsas metas para llegar finalmente al desengaño y la frustración.

En esta Navidad y fin de año, hagamos un balance objetivo de nuestras vidas, para establecer si estamos dilapidando oportunidades o tomándolas. Si estamos fracasando o somos exitosos, precisando también de que clase de fracaso o éxito hablamos.

Por mi parte, preconizo la necesidad de una victoria integral; no sólo el triunfo material sino también el éxito espiritual, en el sentido del desarrollo y evolución de la conciencia poniendo nuestro centro de gravedad en el ser y no en el tener.

Nuestros cerebros no podrán ser colonizados cuando nuestro yo permanezca en el ser, y así lograremos la verdadera y única libertad que es la interior.

Las leyes de la ecología interior nos permitirán tener una mente limpia, armónica, y equilibrada, y una conciencia superior que estará capacitada para contemplar una realidad más profunda y, por lo tanto, menos fragmentaria.

Todo esto, si de verdad deseamos ser libres y poseer una conciencia evolucionada con la que poder entrar a un mundo nuevo, más luminoso, bello, y armónico.

Allí tendremos la opción de iniciar una vida mucho más feliz y prospera, por encima de impulsos bastardos y emociones destructivas, y estaremos capacitados para ayudar a otros a encontrar el mismo camino.

Si es así, podemos contribuir a salvar el mundo resguardando la ecología interior del ser humano; no más pensamientos negativos; no más odio, envidia, ni rencor. Librarnos de la codicia y la deshonestidad, y tener solamente lo que nos ganemos merecidamente, sin engañar, manipular, ni defraudar a nadie.

Cumpliremos con la ley natural del universo que sostiene que “cada cual es su propio premio; cada uno, su propio castigo”.

¡Atrevámonos a ser felices!

Olvidemos la hipocresía, desprendámonos de la imagen, seamos sinceros, realicemos la felicidad y la fraternidad.

El  mundo sólo puede ser salvado si tú te salvas a ti mismo.


Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo.

Darío Salas Sommer
* Miembro de Academia de Ciencias Naturales Raen Federación Rusa.
* Premio Nacional de Ecología Eko Mundo 2005.
* Distinción en su grado máximo por la creación del programa “Nueva Dirección Científica Física Moral” Federación Rusa.

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