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Diario La Tercera, columna - Estrés, angustia y Alzheimer

La enfermedad de Alzheimer y el estrés mal conducido son males característicos en nuestra época.

21/10/2008
Por Darío Salas Sommer - Diciembre de 2003 - Chile

Fin de año es época de balances. Pero también de cansancio que cuerpo y mente acumulan durante un año de trabajo y durante un mes de preocupaciones, como regalos de fin de año, organización de fiestas y los materiales de los niños para el año próximo.

Las personas que se alteran mas cuando encaran hechos perturbadores tienen mayores posibilidades de sufrir el mal de Alzheimer, que implica una grave disminución de la memoria y de la capacidad mental, hasta desembocar en la muerte. Quienes muestran menor capacidad para enfrentar el estrés sufren también una propensión a la melancolía y la angustia, hallazgo que es fruto de un reciente estudio que realizaron investigadores del Centro Rush para el mal de Alzheimer de Chicago.

Las grandes mayorías definen el estrés como el peor mal de nuestro tiempo. Sin embargo, se equivocan parcialmente, porque no es una enfermedad, sino el esfuerzo del organismo por adaptarse a las constantes variaciones del entorno del individuo. Nadie está libre de estrés. Es un fenómeno propio de los seres vivos que se enfrentan al medio, lo cual ocurre a lo largo de toda la vida. Mas claro aún, el estrés es indispensable para mantener la existencia, de manera que no hay que entenderlo necesariamente como perjudicial.

Debemos modificar nuestra concepción cultural y entender que hay un estrés normal y otro patológico de características negativas que pueden precipitar hipertensión arterial, enfermedades cardiovasculares, renales, artritis, trastornos nerviosos, mentales y sexuales, enfermedades digestivas, trastornos del metabolismo y hasta cáncer.

Algunas corrientes modernas hablan de estrés positivo y negativo. Indican que hay individuos que 'funcionan' mejor bajo tensión, en tanto que otros se derrumban con facilidad. En el caso del estrés-enfermedad, se tiende únicamente a tratarlo con tranquilizantes, los que significan sólo alivio momentáneo y no pueden administrarse indefinidamente, porque pueden tener efectos adversos en la mente y en el cuerpo del paciente.

En mi opinión, la ciencia médica todavía no ha dado a la relajación la gran importancia que tiene como factor natural de prevención y curación de los estados de ansiedad. Es importante que lo haga, y pronto, porque afectan la interrelacíón, la inserción social, la salud y la existencia de la persona.

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